• sábado , 18 agosto 2018

Fotografía de viajes con Instax

Más allá de los profesionales o de la afición fotográfica de muchos entusiastas, una cámara fotográfica se convierte en la herramienta que plasma unas vacaciones. Dudamos entre cargar con un voluminoso y pesado equipo réflex, una cámara sin espejo o una compacta. Hoy presento una propuesta diferente: fotografía de viajes con Instax. Las cámaras de película instantánea ofrecen un detalle que escapa al resto de modelos de los entornos SLR, mirrorless y compacto: compartir inmediatamente la imagen con las personas que fotografiamos.

Desde que empecé a dar mis primeros pasos en la fotografía con una cámara Mamiya-Sekor 500TL, sentí la necesidad de “añadir” al menos una persona en las fotografías que realizaba; si salía de viaje o vacaciones y fotografiaba un monumento típico, trataba de incluir a una persona en la escena, pues de lo contrario sentía que la imagen estaba desnuda. Vestir con un personaje esa fotografía le añadía –para un adolescente de 16 años– el aliciente de saber quién era esa persona, qué hacía y porqué pasaba justamente en ese instante por delante de mi objetivo.

Con los años supe que a esto se le llama street photo

 

Concepto de fotografía de viajes

Hacer turismo o viajar. Ser turista o viajero. Ser una pieza anónima más en un grupo o salirse del rebaño. Disparar o fotografiar…

Viajar es lo opuesto a turistear. El viajero –a diferencia del turista– se interrelaciona con el entorno: con sus habitantes, comida, cultura y tradiciones y trata de absorber cuanta información puede del lugar que visita. Aprender a decir gracias en el idioma local (por distinto o lejano que éste sea) es el primer paso para quitarse el sello –muchas veces despectivo– de turista. Esta ilación con el entorno que rodea al viajero le facilita comprender la idiosincracia local y, con ello, obtener mejores fotografías. Es la diferencia entre “robar” o que nos regalen una foto: entre ser un ladrón o un invitado al que agasajan con un presente.

El viajero debe tratar con las personas locales y ganarse su confianza, algo imposible para el turista que llega a una escala y que sólo dispone de un par de horas para visitar el lugar. Un viajero sabe cuando llega, pero nunca cuánto tardará en irse. Suelo visitar distintas partes del Caribe, desde Haití a pequeñas islas de las Antillas o las costas garífonas. Conocer los nombres de las personas que fotografío, sus pequeñas o grandes historias y compartir un plato de arroz con habichuelas suelen abrirme las puertas de sus casas y a fotografiar su día a día. Así paso de ser “el extranjero” a ser alguien con nombre, como ellos.

 

El egoísmo de la fotografía profesional

Existen grandes mitos de la fotografía de viajes, como Henri Cartier-Bresson. Incluso Sebastião Salgado podría entrar en esta categoría, más allá de la clásica visión de reportero gráfico. Ambos gigantes de la historia de la fotografía, armados con sus cámaras Leica, viajaron por todo el globo para mostrarnos su forma de ver el mundo. El viajero fotografía con sus cámaras SLR, mirrorless o compactas (antes, con película fotográfica) y se lleva escenas, retratos a casa o a la redacción de un diario, una revista o una agencia de noticias, si se trata de un profesional.

En Cité Soleil (un barrio de Puerto Príncipe, Haití) conocí a Josué, un anciano que me dijo que había conocido a reporteros norteamericanos, franceses, ingleses e italianos y que todos le habían hecho fotos, pero que ninguno le había regalado una sola de esas fotos. Estamos detrás de la cámara y muy pocas veces nos paramos a pensar qué sienten quienes están frente a ella. Josué me hizo pensar cómo compartir las imágenes de las personas que fotografío.

 

Película instantánea: compartir la fotografía

En muchos de los países en desarrollo (un eufemismo políticamente correcto para no hablar de “tercer mundo”), el acceso a smartphones es muy limitado por gran parte de la población. Incluso si disponemos de tarjetas de memoria con Wi-Fi o de un sistema de transmisión de imágenes de la cámara a nuestro teléfono móvil, no hay manera de regalar la foto que hemos tomado a las personas que fotografiamos.

Tan sólo la inmediatez de la película instantánea nos facilitará compartir ese instante que nos regala cada persona que aparece en nuestras imágenes y que pasan a formar parte de nuestra vida fotográfica. Regalar una fotografía instantánea no es sólo compartir esa foto en concreto, sino compartir fotografía. Para muchas personas será la primera fotografía física que tengan en sus manos y la magia de ver cómo de una pequeña hoja en blanco aparece una imagen provoca –en especial, entre los más pequeños– una expectación capaz de reunir en un segundo docenas de ojos curiosos alrededor de esa pequeña fotografía.

 

Fotografía de viajes con Instax

La película Instax me proporciona mayor seguridad a la hora de disparar que cualquier otro sistema de película instantánea, pues muestra imágenes más fotográficas que otras marcas que todos tenemos en mente. Tanto el color como la calidad de las imágenes se acercan al estándar fotográfico tradicional. El tamaño de modelos como la SQ10 o la Instax Mini 90 Neo Classic facilitan su transporte en un bolso pequeño y su peso ligero no será el motivo que eche atrás a futuros usuarios.

 

Versatilidad del sistema Instax

En la actualidad Instax dispone de hasta tres formatos distintos de película, con cámaras tan heterogéneas como la mini 90 Classic, la SQ10 o la Wide 300. Cada formato se adapta a un tipo de público específico, desde los más jóvenes del sistema mini a los apasionados de la fotografía y fotógrafos profesionales, que se decantan por el sistema Wide. La nueva cámara Instax SQ10 recupera el clásico formato cuadrado, tan tradicional en la fotografía instantánea y añade un sensor digital que permite al usuario añadir filtros, viñeteo (oscureciendo o aclarando), reencuadrar y ajustar el brillo de la imagen capturada, que aparece en la pantalla LCD de la cámara.

Los tres formatos de película Instax se adaptan a las necesidades de cada usuario y si bien reconozco que el tamaño de la cámara Instax Wide 300 es voluminoso y puede resultar incómodo de llevar en un viaje, el tamaño y la calidad de las fotografías realizadas (en especial, con la nueva película Instax Wide Monochrome) compensa de manera sobrada cargar con la cámara más grande del sistema Instax. Las alternativas que ofrecen la cámara SQ10 (para los usuarios más exigentes) y el formato Instax Mini satisfarán las necesidades de la mayor parte de usuarios.

 

Impresoras portátiles Instax Share SP-2 / SP-3

Otra alternativa práctica a la hora de compartir las fotografías in situ durante nuestros viajes (o vacaciones) son las impresoras Instax Share SP-2 / SP-3, que utilizan –respectivamente– película Instax Mini o Instax Square. Mediante la aplicación Instax Share app (para iOS y Android) es posible enviar las imágenes guardadas en nuestro smartphone a la impresora de forma inalámbrica. Los usuarios de los últimos modelos Fujifilm de la Serie X (X100F, X-Pro2, X-T2, X-E3 y X-H1) podrán enviar las fotografías directamente desde la cámara. El resto de usuarios deberán pasar las imágenes a su smartphone y de ahí, a la impresora.

 

Conclusión

La fotografía de viajes con Instax se complementa con la fotografía tradicional, siendo el mejor sistema para compartir nuestra particular visión del mundo con personas que no tienen acceso a la fotografía, ni siquiera a través de un smartphone. Regalar una foto impresa en papel es mucho más que enviar una foto a un teléfono móvil: es regalar un momento, una parte de la vida que compartimos con personas que no sabemos si volveremos a ver, pero que –en mayor o menor medida– nos han brindado tiempo, atención y cariño.

El fotógrafo viajero se diferencia del turista que hace fotos porque dedica parte del viaje a conocer a las personas que aparecen en sus fotografías y recuerda las historias de cada rostro. Compartir historias. Vidas. Fotografía. Ésta es la auténtica fotografía de viajes con Instax.