• sábado , 17 noviembre 2018

Fotografía de interiorismo

Pocos ámbitos precisan de mayor especialización que la fotografía de interiores; desde los objetivos a la forma de trabajar, todo en este ámbito fotográfico es diferente al resto de encargos que afronta un profesional. Aquí, aspectos como una cadencia rápida de disparo, la potencia del flash integrado en la cámara o el enfoque automático son absolutamente inútiles y conceptos como iluminación y composición son algunos de los fundamentos sobre los que se asienta esta especialidad fotográfica apasionante.

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Agradezco a Casadecor las facilidades otorgadas para la realización de este artículo, pues nada mejor que los espacios creados por algunos de los mejores arquitectos e interioristas nacionales para plasmar visualmente sus trabajos.

 

El espacio

Fotografiar un interior requiere una metodología de trabajo radicalmente diferente a cualquier otro campo fotográfico; es la antítesis de la fotografía deportiva o del reportaje, donde la velocidad es fundamental. No importa si trabajamos con la cámara que ofrece el sistema de enfoque automático más lento del mercado o si dispone de una cadencia de menos de una foto por segundo, pues no son éstos aspectos a valorar en la fotografía de interiores. Medir la luz y la temperatura del color son factores mucho más importantes que las prestaciones tecnológicas más avanzadas.

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Conocer el espacio que fotografiamos nos proporcionará distintas visiones del mismo. No sólo es importante realizar fotografías desde diversos puntos de la estancia: con apenas desplazar unos grados el trípode es posible conseguir tomas muy distintas entre sí. Para evitar el efecto de “picado” recomiendo siempre trabajar con un nivel en el trípode y mantener la cámara en paralelo al suelo. La altura del trípode determinará el punto de vista más adecuado a cada espacio.

 

Comunión de sensaciones

Para realizar una buena fotografía de interiores es prioritario conocer qué desea expresar el diseñador o arquitecto. El concepto y distribución de la luz en la estancia no siempre coincide con los ideales fotográficos, razón que comporta disponer de diversos sistemas para panelar o filtrar la luz, como hojas de papel o reflectores plegables. No recomiendo el uso de flash, pues desvirtúa la iluminación original del espacio. En la fotografía de un interior comulgan la visión del diseñador (o arquitecto) y la del fotógrafo, razón por la que –siempre que sea posible– es importante tratar con la persona que creó ese espacio los aspectos que desea que se realcen más en las imágenes.

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Es importante destacar la importancia de los detalles, cuya suma determinan en gran parte la personalidad del espacio y del propio diseñador. Una lámpara especial, la textura del papel de viejos libros, una moldura de madera en una pared o un gran espejo que dé mayor profundidad en la estancia pueden ser los puntos de referencia a la hora de empezar a componer una fotografia.

 

El detalle

Lejos de ser una mera plasmación de espacios, la fotografía de interiores debe fijarse en todos los detalles que forman el concepto original del diseñador. Desde lámparas a revisteros o los sofás de una sala o el juego de vasos en una cocina tienen una razón de ser, así como su posición en cada espacio. No siempre la disposición de la luz será la más adecuada, por lo que el fotógrafo de interiores deberá apostar por aquellos detalles que mejor se fundan entre los intereses del diseñador y los propios.

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La luz

Pintar con luz es la traducción literal de fotografía y es precisamente la luz el alma de todas las imágenes que vemos y capturamos a lo largo de nuestra vida. Aprender a trabajar con la luz disponible, dominarla y jugar con ella a nuestra conveniencia es una de las diferencias entre el profesional y el aficionado y ni el más experto en Photoshop podrá jamás aprender a iluminar una foto “a posteriori”. Aprender a iluminar correctamente o, en su defecto, utilizar la iluminación existente en provecho de unas mejores fotos es básico en cualquier campo de la fotografía, si bien en la de interiorismo llega a ser fundamental.

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 Con frecuencia, en un mismo espacio cohabitan diversas fuentes de luz, con intensidades diferentes; el efecto visual no tiene nada que ver con el resultado fotográfico, donde resulta muy difícil igualar los grandes contrastes lumínicos. Sabiendo la diferencia de luz entre los distintos espacios (y nada mejor que comprobarlo con un fotómetro de mano) es posible reducir la luz dominante con un acto tan simple como pulsando el interruptor que prende esa bombilla o lámpara. Otro método es panelar la luz cenital y domesticarla a nuestro antojo. La diferencia de exposición del espacio superior hacía totalmente inviable una fotografía correcta, por lo que se optó (tras varias pruebas) a apagar la luz de la zona de la bañera, apenas habían transcurrido 1,5 segundos de exposición.

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 En la fotografía de la sala, los focos cenitales mostraban una potencia muy superior en la zona de ambos sofás, que al estar tapizados en un color claro ofrecían una sobreexposición acusada; un simple papel vegetal atenuó la potencia de la luz y mantuvo la riqueza de la textura de la madera y el tejido, pues es importante que la fotografía no tenga un luz uniforme o plana y destaquen los diferentes tonos y texturas de los distintos elementos que conforman el espacio.

 

 El equipo

La calma y el tiempo son dos elementos primordiales en la fotografía de interiores; el fotógrafo antes de disparar la primera foto debe recorrer el espacio y conocer la luz, los elementos básicos que conforman la personalidad de la estancia y del diseñador, así como también fijarse en los diferentes detalles que otorgan el carácter diferenciador. La selección de los objetivos debe ser acertada, con angulares y –al menos– un teleobjetivo corto (entre 85 y 135mm), para capturar los detalles.

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 Lejos de reducirse a la fotografía con un angular extremo que muestre la totalidad de un espacio, la fotografía de interiores debe plasmar la atmósfera y personalidad de cada estancia, motivo que determina la utilización de –al menos– dos angulares, para trabajar en espacios más amplios o más reducidos. La calidad de las ópticas debe ser elevada, con la máxima corrección posible de las distorsiones.

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El uso del trípode es fundamental, así como disponer de una rótula que nos permita realizar movimientos precisos para ajustar el encuadre más adecuado. Personalmente, recomiendo las rótulas micrométricas, que si bien son más caras que las convencionales, permiten la máxima precisión en los movimientos. El fotómetro de mano permite realizar distintas mediciones en las diferentes zonas de luz de la estancia; realizar un promedio y ajustar la luz a nuestra conveniencia resultarán fundamentales a la hora de conseguir una iluminación balanceada.

 

Metodología de trabajo

Trabajar con la luz existente y aprender a jugar con ella a nuestro favor ofrecerá una visión más cercana a la realidad que si utilizamos el flash, que en la fotografía de interiorismo es un accesorio más en nuestro equipo. Es posible combinar la luz natural exterior con la de lámparas y otros sistemas de iluminación artificial, pero siempre se debe mantener un buen balance de blancos sobre la luz dominante, que en interiorismo suele ser la luz de tungsteno.

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Las exposiciones con aberturas intermedias como ƒ/8 suelen rondar (con una sensibilidad de ISO 100) entre los 2 y los 10 segundos, motivo que obliga a disponer de un buen trípode y una rótula que permita ajustes muy precisos, razón que me lleva a recomendar las de tipo micrométrico como la Manfrotto 405 que se utilizó para realizar estas fotos. Las fotografías se han realizado con una Canon EOS 5D Mark III y las ópticas Canon EF 24–70/2.8L II, Carl Zeiss 15/2.8 y Carl Zeiss 21/2.8, ambos para montura Canon EOS. La luz se ha medido con un fotómetro Gossen Digisky y la temperatura de color con un termocolorímetro Gossen 3F.

 

Conclusión

La forma de trabajar la fotografía de interiores es la que menos ha cambiado con la llegada de la tecnología digital. No negaré que visualizar las capturas en la pantalla LCD de la cámara permite al profesional de la fotografía tener una idea muy aproximada del resultado de su trabajo, pero la experiencia me ha demostrado que no siempre lo que vemos en la pantalla coincide con lo que muestra la pantalla de nuestro ordenador. En ocasiones no solo es básico ajustar correctamente la temperatura de color en grados Kelvin, además se precisa variar el tono mediante los ajustes de la cámara hacia tonos más azules o cian.

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La utilización de elementos tan poco frecuentes actualmente como un fotómetro de mano o un termocolorímetro es habitual entre los profesionales de la fotografía de interiores. El trípode se convierte en una parte tan importante de la fotografía como la propia cámara o los objetivos. Trabajar sin prisas, conocer el espacio, capturar el detalle y disparar desde distintos ángulos y alturas son algunos de los secretos de una de las especialidades más plásticas de la fotografía profesional.

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El diseñador de interiores plasma su visión personal del espacio en elementos como la pintura de techos y paredes, los materiales del suelo, los complementos y los muebles y su distribución. El profesional de la fotografía debe saber cristalizar la esencia y personalidad del espacio, dando vida a elementos y texturas que esconden sus secretos tras una iluminación que no siempre juega a su favor.

Agradecimientos: Casadecor