• jueves , 14 noviembre 2019

El primer objetivo

La focal de 50mm se ha considerado la “estándar” en la fotografía de paso universal. Desde mitos como Leica o la serie F de Nikon a los modelos más sencillos de Yashica, Praktica o Konica, las cámaras que utilizaban carretes de 35mm solían venderse siempre con su correspondiente objetivo “estándar”. El primer objetivo de todo fotógrafo era siempre el 50mm, o de focales similares, comprendidas entre 40 y 58mm. En las tiendas de fotografía era habitual encontrarse con cámaras de gama profesional (como una Nikon F2 AS) con el objetivo estándar de 50mm. De hecho, la opción de encargar sólo el cuerpo de la cámara no era siempre posible y solía salir más caro que si no incorporaba el kit formado con el objetivo 50mm.

Dicen los expertos que la focal de 50mm es la más parecida a la visión del ojo humano, si miramos con un solo ojo. Siempre he pensado que nuestros ojos son el zoom más potente, pues podemos –sin mover la mirada– reconocer desde un ángulo de visión de casi 180º hasta fijar la vista en un punto concreto, de apenas un par de grados de visión, lo que equivale a un 1.200mm. Esta visión “natural” que proporciona la focal de 50mm se aleja de las distorsiones y fugas de los angulares y de la compresión del sujeto con el fondo, típica de los teleobjetivos. La focal de 50mm fue una de las más utilizadas por los grandes maestros de la fotografía, como Henri Cartier-Bresson, el mago del 50mm.

 

El primer objetivo

La focal estándar de 50mm era la más asequible en cualquier marca. Todos los fabricantes (por modestos que fueran) solían disponer –al menos– de un par de objetivos estándar, de distinta luminosidad. En algunos casos, la oferta era más amplia y ofrecía un abanico de precios adecuados a todo tipo de bolsillos y necesidades. Nikon es el mejor ejemplo, pues llegó a disponer de hasta tres objetivos estándar de manera simultánea en el mercado con luminosidad máxima de ƒ/1.2, comprendidos entre los 50 y los 58mm, además de sus versiones menos luminosas de ƒ/1.4, ƒ/1.8 y ƒ/2, el objetivo más vendido en la historia de la fotografía.

Prácticamente la totalidad de los fotógrafos (aficionados y profesionales) empezamos a hacer fotos con un 50mm y muchos aficionados jubilaron su cámara de paso universal con el 50mm como única óptica. La polivalencia del objetivo estándar, un precio asequible al comprarlo en kit con la cámara y una mayor imaginación a la hora de fotografiar convirtieron a la focal de 50mm (y cercanas) en el mejor y más exigente profesor de fotografía. La fotografía digital y la popularización de los zooms han matado gran parte de la imaginación del trabajo individual del fotógrafo; en su lugar, nos atacan con un pictoralismo que anula al individuo y lo fusiona en una masa homogénea y de colores “hachedeerrianos”.

 

El zoom humano

A diferencia del entorno digital, en la fotografía convencional de soporte químico, los objetivos solían ser de focal fija y el 50mm era la óptica por excelencia. El primer objetivo. En entornos abiertos, bastaba retroceder unos pasos para conseguir encuadrar desde un paisaje a monumentos o un grupo de amigos. Si queríamos hacer un retrato, sólo debíamos caminar y acercarnos. Con las focales fijas, nuestras piernas son el zoom. La fotografía digital nos ha hecho olvidar la fotografía para centrarnos en la tecnología. La fotografía tradicional, tan sólo en crear una foto. El instante decisivo de Cartier-Bresson revolucionó la fotografía, al fotografiar el momento preciso que convierte escenas cotidianas en imágenes únicas. En la mayoría de sus fotografías, el 50mm estaba ahí.

La exigencia de alejarse y acercarse para conseguir el encuadre deseado creó una disciplina a la hora de fotografiar, tanto en aficionados como profesionales. La comodidad del zoom ha contribuido al sobrepeso de los usuarios y –hablando más seriamente– a imágenes con ángulos de visión muy parecidos, pues basta mover el aro de focales para saltar de una focal angular de 24mm a un teleobjetivo de 80mm, sin moverse una pulgada del sitio.

 

Luminosidad

La focal estándar suele ser la más luminosa del catálogo de objetivos de cada fabricante. Aprender a dominar los desenfoques al utilizar las aberturas más altas es –como siempre en la fotografía– cuestión de acierto y error. Sólo aprendemos de los errores y suele ser habitual pecar de un exceso de desenfoque al querer lograr el máximo desenfoque posterior (efecto bokeh) de un 50mm ƒ/1.4. Es posible encontrar objetivos estándar de paso universal con luminosidades más elevadas, incluso por debajo de ƒ/1, como el mítico Noctilux de Leica.

Incluso en la fotografía digital, el objetivo estándar de 50mm suele ser la óptica más luminosa de cada fabricante, pues ofrece una luminosidad media de ƒ/1.4 o superior, como ƒ/1.2 en el caso de la serie L de Canon. Por otra parte, en un entorno dominado por los zooms, la focal estándar (50mm en formato completo y 35mm, en APS-C) es una excelente opción para dar el primer paso en el mundo de las ópticas de focal fija, que ofrecen una calidad óptica muy superior a los zooms.

 

Cámaras de telémetro de focal fija

La alternativa asequible a las cámaras réflex de óptica intercambiable eran las cámaras de telémetro de focal fija, donde la firma japonesa Yashica era el fabricante que dominaba este segmento de cámaras, con las series Electro y Lynx, que incorporaban ópticas de 45mm de luminosidad máxima de ƒ/1.4 y unas prestaciones –salvo el intercambio de objetivos– idénticas a los modelos de pentaprisma. El éxito de las cámaras de telémetro de focal fija se debió en gran parte a que el aficionado no solía adquirir más objetivos que el estándar de 50mm, incluido en la compra de la cámara.

 

Canon

El gigante japonés ofertaba en sus kits la focal de 50mm en luminosidades de ƒ/1.8 (la habitual) y de ƒ/1.4, para aquellos usuarios que buscaban un objetivo de calidad óptica superior y mayor luminosidad. La diferencia de precio entre ambas ópticas era significativa, no así su calidad de construcción, tamaño y peso. El objetivo Canon FD 50mm ƒ/1.8 fue clave en el éxito de ventas de objetivos del gigante nipón.

Mucho más elitista era el modelo Canon FD 50mm ƒ/1.2 de la prestigiosa serie L, que en España debía encargarse, puesto que su elevado precio lo convertía en un producto reservado al profesional o a los bolsillos más adinerados y no era una óptica común en los establecimientos fotográficos. El objetivo estándar Canon FD 50/1.2 L ofrecía un rendimiento excepcional, con un control casi perfecto de las aberraciones cromáticas, colores nítidos, una resolución lineal elevada y un contraste más alto que las versiones más comunes de esta focal.

 

Contax

El fabricante alemán inventó la exposición en tiempo real, que se alejaba de las velocidades de exposición fijas de 1/60, 1/125, 1/250seg… La Contax RTS fue la primera cámara en disponer de velocidades “reales”, adaptadas a una medición muy precisa. Por primera vez se obtenía cualquier velocidad intermedia, por ejemplo, 1/371seg, en lugar de 1/250seg. o 1/500seg.  Contax era una de las marcas mejor valoradas por los profesionales y aficionados más exigentes, pues su compañero de viaje era la prestigiosa firma alemana Carl Zeiss, el mejor fabricante mundial de ópticas de fotografía.

Contax ofrecía a sus clientes la focal de 50mm, basada en el diseño Planar, con luminosidades de ƒ/1.7 y ƒ/1.4; ambos objetivos estaban fabricados en metal e incorporaban la mayor calidad óptica, destacando una muy elevada riqueza en el detalle y un contraste medio-alto. La diferencia de precio era el elemento que diferenciaba a ambos objetivos, si bien –en mi opinión como antiguo usuario de Contax– el 50/1.7 ofrecía mayor contraste en las aberturas más altas. Caso aparte es el Carl Zeiss Planar 55mm ƒ/1.2, del que apenas se fabricaron menos de mil unidades, para celebrar los 100 años del diseño Planar de Carl Zeiss. Es una pieza muy valorada por los coleccionistas y no es extraño encontrarlo por incluso más de 8.000 dólares en eBay.

 

Leica

Hablar de Leica es hablar de la historia de la fotografía. Las cámaras de fotografía utilizaban película en placa o rollo hasta que el profesor Oskar Barnack adaptó película perforada de cine de 35mm a un prototipo de su creación. Había nacido la primera Leica y con ella, el carrete fotográfico de formato 135, también llamado de paso universal o de 35mm. El prestigio de Leica llegó acompañado de sus fotógrafos: Robert capa, Elliot Erwitt, W. Eugene Smith, Cartier-Bresson, Alfred Eisenstaed, Inge Morath, Alberto Korda y docenas y docenas de mitos de la fotografía. No se entiende la existencia de la agencia Magnum sin Leica.

Leica desarrolló dos líneas de cámaras: sus míticos modelos de telémetro y una gama réflex que sufrió demasiados altibajos en resultados y fabricación. La línea de objetivos de 50mm para cámaras de cámaras de telémetro es una de las más amplias de la industria fotográfica. Leica ofrece para su serie M de cámaras de telémetro un amplio abanico de luminosidades y diseños ópticos, pero siempre manteniendo las más elevadas cotas de calidad. Desde los sencillos Elmar a los Summilux y Summaron, la oferta de Leica M está comprendida desde ƒ/2.8 hasta el ƒ/0.95 del modelo Noctilux, el más luminoso de su clase y que merece un capítulo aparte.

 

Minolta

Pese a no ser la marca más popular del mercado, los usuarios de Minolta mantuvieron una fidelidad digna de elogio, hasta el último suspiro de la marca nipona, cuando fue fagocitada por el gigante Sony, que –en vista de la ergonomía de sus cámaras A7– parece no haber aprendido nada de los ingenieros de Minolta. Las cámaras Minolta poseían una belleza seductora, casi sensual y eran de los modelos réflex más cómodos en las manos. La cuidada ergonomía de las cámaras Minolta de enfoque manual mantienen la pasión en el matrimonio de los objetivos Minolta MD y Rokkor.

Minolta disponía de hasta 4 versiones del objetivo estándar de 50mm, que iban desde la ultra luminosa abertura de ƒ/1.2 a la más modesta ƒ/2, un objetivo asequible y “resultón”, que ofrecía un excelente rendimiento óptico. Es mítica la versión ƒ/1.4, considerada por algunos fanáticos de Minolta como el mejor 50mm jamás construido. En mi opinión, el mejor objetivo es el que mayores satisfacciones nos regala. La versión más popular fue la ƒ/1.7, que combinaba un precio ajustado y unas prestaciones que –si bien no alcanzaban las de la versión ƒ/1.4– satisfacían las necesidades de los aficionados.

 

Nikon

Nikon fue el fabricante que gozó de mayor popularidad entre los aficionados y profesionales que utilizaban cámaras réflex de formato universal. Una popularidad y prestigio que se ha ido ofuscando en la era digital. Desde los modelos míticos de las series profesionales F2, F3 y F4 y los modelos semiprofesionales FM y FE hasta las actuales cámaras digitales fabricadas en plástico, el gigante nipón no ha hecho más que languidecer, camino de su extinción. Nikon fue pionero en incorporar la fotometría matricial, la iluminación del visor, el modo de disparo silencioso o el modo de exposición programable, tal como se entiende en la actualidad. Nikon era el fabricante de cámaras SLR de 35mm que disponía de un mayor número de usuarios y su catálogo de ópticas era –de largo– el más amplio. Buena muestra es la gran variedad de objetivos estándar Nikon.

Ningún otro fabricante ha llegado a vender tantos objetivos de 50mm como Nikon; su versión ƒ/2 superó con creces los dos millones de unidades vendidas hasta los años 80. Como he indicado en un apartado anterior, Nikon fue el fabricante que dispuso de más versiones del objetivo estándar, hasta ochos modelos en cuatro distintas luminosidades:

  • tres objetivos ƒ/1.2: 50mm – 55mm – 58mm
  • un objetivo 50mm ƒ/1.4
  • tres versiones de 50mm ƒ/1.8: tradicional – compacto (pancake) – Serie E (construido en plástico)
  • un objetivo 50mm ƒ/2

 

Olympus

Al igual que Minolta y Pentax, los seguidores de las cámaras y objetivos Olympus del entorno réflex de paso universal mantuvieron una fidelidad espartana a esta marca minoritaria. Los objetivos Olympus mostraban una clara diferencia respecto al resto de fabricantes: incorporaban –además de los diafragmas– el aro de velocidades obturación. Según los ingenieros de Olympus, esto facilitaba variar con una sola mano tanto la abertura, como la velocidad de exposición. En la práctica, esta novedad no fue suficiente para que los fotoperiodistas y los profesionales de la fotografía deportiva migraran de forma significativa a las pequeñas cámaras Olympus.

Como la mayoría de fabricantes, los usuarios de cámaras Olympus OM disponían de varios objetivos estándar, siendo muy popular el Zuiko 50mm ƒ/1.8, que solía ser el modelo de serie en el kit de cámara y objetivo, junto a la abertura de ƒ/1.4, menos compacta. El objetivo estándar 55mm ƒ/1.2 ofrecía la mayor abertura del catálogo de ópticas Olympus Zuiko. Debido a su alto precio, no fue una óptica popular y –pese a su calidad– es un objetivo difícil de encontrar.

 

Pentax

Pentax fue el constructor que fabricaba las cámaras más compactas y ligeras del entorno réflex de 35mm. Modelos como la Pentax MX revolucionaron el concepto de cámara réflex, segmento en que modelos como la Canon F-1 o la Nikon F2 SB podía pesar casi el doble que las cámaras Pentax.. La forma japonesa fabricó el objetivo estándar de 50mm en las aberturas de ƒ/1.4, ƒ/1.7 y ƒ/2. Los objetivos Pentax fueron los primeros en incorporar un recubrimiento multicapa, el SMC (Super Multi Coated), que reducía los reflejos y el efecto fantasma. La versión más popular fue la de luminosidad ƒ/1.7, incluida en la mayor parte de los pequeños, pero muy funcionales modelos Pentax.

 

Noctilux de Leica

El objetivo Leica Noctilux 50mm ƒ/0.95 merece una mención especial, pues es el más luminoso de su clase. La nueva versión para cámaras digitales incrementa la luminosidad ƒ/1.0 de su predecesor para cámaras Leica M de película de paso universal. Un precio superior a los 10.000 euros hace del Leica Noctilux 50mm ƒ/0.95 el objetivo estándar más caro en producción y todo un referente en la historia de la fotografía, siendo la mejor óptica para fotografiar en las condiciones más adversas de luz. La abertura máxima de ƒ/0.95 reduce la profundidad de campo a unos pocos milímetros, si se dispara en las distancias de enfoque más cercanas.

 

Conclusión

No importa si se dispara con una cámara digital o se fotografía con un modelo de película de paso universal: el objetivo estándar de 50mm debería ser el primer la primera focal con la que adentrarse en el mundo de las ópticas de focal fija. La visión que ofrece un objetivo estándar (desde 40 hasta 58mm) es agradecida con el principiante, a diferencia de los angulares, más difíciles de domar, si se ha nacido en un mundo de zooms. La visión natural del 50mm hará que el neófito se encuentre seguro, tanto en la fotografía de instantáneas urbanas (street photo), como en retratos y paisajes. Nuestras piernas serán el zoom que nos acerque o aleje de aquello que deseemos fotografiar.

No hay un objetivo de 50mm malo: existen modelos que ofrecen mayor detalle y contraste, pero difícilmente se puede encontrar un objetivo estándar que decepcione en detalle y contraste. Por eso la focal de 50mm ha sido una de las preferidas por los grandes maestros de la fotografía. Sin el objetivo de 50mm no se entiende la obra de Cartier-Bresson, ni su instante decisivo. La visión natural de la escena y una distancia cercana nos aleja de esas fotos robadas con teleobjetivo. La proximidad del fotógrafo con lo que fotografía es básica a la hora de conseguir una buena imagen. No en vano, el mítico fotógrafo de guerra Robert Capa dijo: Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es porque no te has acercado lo suficiente.