• miércoles , 11 diciembre 2019

Hasselblad

Si Leica fue el referente de la fotografía en el formato de 35mm, Hasselblad lo fue en el formato medio y se convirtió por excelencia en la cámara del profesional. Los orígenes de Hasselblad no fueron sencillos, pues el fabricante no era alemán, ni japonés y su sistema modular rompía con los cánones de diseño tradicionales. Sin embargo, la calidad de construcción, un diseño funcional y las ópticas Carl Zeiss hicieron que la firma sueca estuviese presente en estudios fotográficos profesionales desde California a Hong Kong, pasando por una España que apenas empezaba a salir de la posguerra.

Hasselblad es –junto a Zeiss y Leitz– uno de los grandes apellidos de los fabricantes europeos de fotografía. Victor Hasselblad fue el alma de Hasselblad y su amor a la fotografía lo llevó a desarrollar la cámara profesional por excelencia. La pasión de Victor Hasselblad por crear una cámara que satisfaciera las necesidades de los profesionales convirtió a la firma escandinava en el fabricante que fotografió la superficie de la luna.

 

Breve historia

La empresa F. W. Hasselblad & Co. nace en 1.841 en la ciudad sueca de Goteborg. En 1.941, en plena II Guerra Mundial, Hasselblad desarrolla la cámara de fotografía aérea HK7 para la fuerza aérea sueca. Victor Hasselblad (hijo del dueño y gran amante de la fotografía) se enfrenta a su padre, para que la empresa familiar fabrique cámaras para el público y en 1.948 nace la Hasselblad 1600F, la primera cámara de formato medio de consumo.

Basada en un diseño modular que se ha mantenido incluso en la era digital, las cámaras Hasselblad constan de un cuerpo, visor, objetivo (desarrollado por Carl Zeiss), un sistema de arrastre de película de aro o palanca y un chasis para película de formato 120. Cada uno de estos elementos se puede separar del resto, lo que convierte a Hasselblad en un sistema modular y autónomo, capaz de utilizar película negativa en blanco y negro de 400 ISO y cambiar de manera rápida y sencilla a diapositiva en color de 50 ISO.

 

Sistema modular intemporal

Las cámaras Hasselblad han mantenido hasta la serie H digital el clásico diseño de cuerpo, chasis y objetivo desmontables. También es posible separar el visor y la palanca o aro de arrastre de película. De esta manera, el profesional que trabaja con Hasselblad podrá utilizar distintos tipos de película, sin tener que esperar a acabar un rollo 120. Los equipos Hasselblad solían disponer de varios chasis para película, además de varios insertos adicionales, pues era un accesorio que solía perderse con facilidad.

Todos los modelos Hasselblad réflex –desde 1.948 hasta la actualidad– ofrecen la facilidad de cambiar visor, ópticas y chasis de película o respaldo digital. Es posible utilizar un respaldo de 50 Megapíxeles con una cámara y objetivos fabricados hace décadas, si se desea mantener la experiencia que sólo transmiten las cámaras Hasselblad mecánicas. La excelencia del diseño de la primera cámara Hasselblad se mantiene durante más de 70 años y no se limita a la nostalgia de la película fotográfica.

 

Hasselblad 1600F – 1000F

Nacida a partir de desarrollos del diseño de la cámara de fotografía aérea HK7 ideada por Victor Hasselblad, la Hasselblad 1600F (conocida por «la cámara Hasselblad») fue el primer modelo fabricado en serie por la firma sueca. Victor Hasselblad buscada con la Hasselblad 1600F sentar las bases de un sistema que ofreciese la máxima calidad fotográfica, sin el peso de las antiguas cámaras de gran formato. La versatilidad del sistema era otro de los pilares sobre los que se debía asentar el nuevo concepto de fotografía del genio sueco.

El formato de 6x6cm. ofrecía una excelente calidad de imagen y los objetivos intercambiables, una mayor polivalencia que las cámaras de gran formato. Además, la posibilidad de cambiar de película en color a blanco y negro y de diapositiva a negativo añadía unas prestaciones que jamás estuvieron al alcance de las cámaras de 35mm. Objetivos de luminosidad máxima de ƒ/2.8, obturador de plano focal y velocidades de obturación de hasta 1/1.600seg. eran otros de los argumentos que acabaron de convencer a cada vez más profesionales, que empezaron a arrinconar sus viejas cámaras de gran formato. Había nacido el concepto Hasselblad.

En 1.952 llegaba la Hasselblad 1000F, un modelo que sustituía la óptica Kodak Ektar por un Carl Zeiss Tessar de 80mm y ƒ/2.8, en un matrimonio que duraría medio siglo, hasta la llegada del sistema de enfoque automático a la Hasselblad H1. Junto al objetivo estándar de 80mm, se presentaron los teleobjetivos Carl Zeiss de 135mm ƒ/3.5 y 250mm. ƒ/5.6, ambos de diseño Sonnar. La Hasselblad 1000F mantenía el obturador de plano focal, pero con un rediseño más estable; y se limitaba la velocidad de obturación más rápida a 1/1.000seg. El dial de velocidades de obturación se mantenía en la rueda de arrastre de película.

 

Hasselblad 500C – 500C/M

La Hasselblad 500C supuso la mayor revolución en las cámaras Hasselblad hasta la llegada de la tecnología digital. Por primera vez, un obturador central sustituyó el obturador de plano central que incorporaban los dos primeros modelos Hasselblad. La velocidad de obturación más rápida se limitaba a 1/500seg, pero la cámara Hasselblad 500C sincronizaba el disparo de flash a cualquier velocidad, motivo que la convirtió en el modelo más utilizado en estudio. El nombre 500C es la síntesis de la máxima velocidad de obturación y el tipo de obturador (central, tipo Compur).

La Hasselblad 500C es uno de los modelos más icónicos del fabricante sueco, pues supuso una nueva forma de trabajar, tanto en estudio, como en exteriores con flash. Los nuevos objetivos Carl Zeiss incorporaban –además del aro de enfoque y de aberturas– otro dedicado a las velocidades de obturación, todas sincronizables con el flash. Dos pequeñas lengüetas rojas móviles señalan la profundidad de campo. Con la Hasselblad 500C, la firma sueca desarrolló un diseño mejorado de los chasis de película: A12, para el formato 6×6 y A16, para 4,5x6cm, de 12 y 16 exposiciones, respectivamente.

Se desarrollaron varios prototipos, unos con obturador de plano focal y el resto con el obturador central, y la elección final fue el obturador tipo Compur, que facilitaba la sincronización de flash a cualquier velocidad de obturación. La Hasselblad 500C supuso una escalada en el coste de la cámara, pues cada óptica Carl Zeiss incorporaba –además de los aros de enfoque y diafragmas– un tercer anillo, con las velocidades de obturación y un obturador central tipo Compur, que encarecía el precio, pero facilitaba el intercambio de película antes de finalizar el rollo de formato 120.

Un funcionamiento 100% mecánico y una fabricación prácticamente artesanal ha convertido a la Hasselblad 500C en un producto perfectamente válido hasta hoy en día, incluso para aquellos profesionales que no renuncian a las excelencias de la tecnología digital. Hasselblad es sinónimo de máxima calidad calidad en fotografía, más allá de la nostalgia de la película fotográfica.

En 1.970 llega la Hasselblad 500C/M, basada en el cuerpo, diseño y prestaciones de la 500C, pero aún más modular (de ahí la C/M). La única diferencia entre ambos modelos era la posibilidad de intercambiar las pantallas de enfoque en la Hasselblad 500C/M, tarea sencilla y que podía realizar el propio profesional, sin tener que llevar la cámara al servicio técnico. Hasselblad desarrolló pantallas de enfoque adecuadas a cada tipo de ámbito fotográfico, haciendo aún más amable su uso. Así, especialidades como la fotografía de interiorismo, de moda o el retrato, tenían pantallas de enfoque que facilitaban cada trabajo.

 

Hasselblad SuperWide

La especialización fue uno de los éxitos de Hasselblad, que desarrolló cámaras adecuadas a las necesidades de los profesionales de la fotografía. Junto a Carl Zeiss (el más prestigioso constructor de objetivos para fotografía), diseñó la SuperWide, un modelo que –en sí– no era más que un objetivo «pegado» a la película fotográfica. Un cuerpo de apenas unos centímetros separaba el angular Carl Zeiss Biogon 38mm ƒ/4.5 del chasis de película de formato 120. A diferencia del resto de objetivos para Hasselblad, el Biogon estaba soldado al pequeño cuerpo de la SuperWide.

La construcción del angular Biogon está considerada un hito en la historia de la fotografía, pues la perfección de líneas, la ausencia de distorsión y aberraciones cromáticas y unas fugas extremadamente controladas hicieron de la Hasselblad SuperWide (y todas sus versiones posteriores) la cámara preferida por los fotógrafos de interiorismo, de paisajes y arquitectura. La ausencia de espejo obligó a Hasselblad a diseñar un visor óptico, que incluía un nivel de burbuja. El secreto de la calidad del Biogon reside en la proximidad con la película. ¿Estamos ante la primera cámara que desarrolla el concepto mirrorless?

 

Hasselblad 500EL – 500EL/M – 500ELX

El modelo eléctrico de Hasselblad disponía de avance automático de la película, gracias a un motor incorporado al cuerpo de la cámara. Basada en la Hasselblad 500C – 500C/M, las distintas versiones 500EL se convirtieron en uno de los modelos fijos en los estudios de los profesionales de la fotografía de moda. La primera Hasselblad 500EL apareció en 1.964 y fue sustituida por la 500EL/M (con pantalla intercambiable) en 1.971. El modelo 500ELX introdujo el control TTL e incorporaba un espejo de mayor tamaño, que eliminaba el viñeteo en la visión a través del visor. Algunos modelos 500ELX disponían de un botón de disparo más grande, adecuado para el trabajo en exteriores con guantes.

El motor de avance de la Hasselblad EL funcionaba con baterías de níquel-cadmio y la antigüedad de éstas (es un modelo con más de 40 años de vida) ha llevado a los fabricantes más ingeniosos (cómo no, chinos) a desarrollar sistemas de energía más limpios con el medio ambiente y que permiten prolongar la vida de las distintas series Hasselblad EL mediante pilas de tamaño AA. El coste de estos adaptadores es realmente económico y facilita seguir trabajando con uno de los modelos míticos del fabricante sueco, ya sea con película de formato 120 o con un respaldo digital.

Un desarrollo del modelo Hasselblad 500EL adaptado a las extremas condiciones del espacio fue el encargado de fotografiar la luna en las misiones Apolo. Tanto los cuerpos de las cámaras, como –especialmente los objetivos– se reforzaron para seguir siendo operativos a temperaturas extremadamente gélidas y atmósfera cero. La autonomía de las baterías de la Hasselblad 500EL y un chasis de película perforada de 70mm garantizaron realizar cientos de fotografías con la más alta calidad de imagen.

 

Hasselblad conquista la Luna

La aventura de Hasselblad y la NASA comenzó en 1.962 durante el programa Mercury. El futuro astronauta de la NASA y entusiasta de la fotografía, Walter Schirra, tenía su propia Hasselblad 500C. Enamorado de la alta calidad de imagen de las cámaras Hasselblad, Schirra sugirió a la NASA que usaran una Hasselblad para documentar el espacio, pues el modelo de cámara anterior utilizado arrojó resultados decepcionantes. Después de comprar una Hasselblad 500C, siguió un programa de pérdida de peso que incluyó la eliminación de su cubierta de cuero, obturador auxiliar, espejo reflector y visor.

Se construyó un nuevo chasis que permitía 200 exposiciones en lugar de las 12 habituales, gracias a utilizar película perforada de 70mm. Finalmente, un trabajo de pintura exterior negro mate minimizó los reflejos en la ventana del orbitador. Las imágenes realizadas por Schirra mostraban una elevada calidad y sellaron un largo, estrecho y beneficioso acuerdo entre la agencia espacial estadounidense y el fabricante de cámaras sueco.

Uno de los momentos más emblemáticos en la historia de Hasselblad llegó cuando la misión Apolo XI aterrizó con éxito en la Luna el 20 de julio de 1969. Se eligió una cámara de datos Hasselblad (HDC) plateada, equipada con un Zeiss Biogon 60mm ƒ/5.6, para documentar la superficie lunar. Se utilizó una segunda cámara eléctrica Hasselblad (HEC) negra con una lente Zeiss Planar 80mm ƒ/2,8 para disparar desde el interior del módulo lunar Eagle.

Trabajando perfectamente bajo las condiciones extremas de la superficie lunar, la cámara HDC produjo algunas de las fotografías más icónicas de la historia. Tras retirar el chasis de película, ambas cámaras y sus objetivos se dejaron atrás en la Luna para cumplir con los márgenes de peso que obligaba el retorno a la Tierra. Un total de doce cámaras (con sus respectivos objetivos) quedaron atrás en la superficie lunar. Solo se trajeron los chasis con la película expuesta.

 

Y llega la electrónica

El obturador central posee excelentes virtudes al trabajar con flash, pero una velocidad de obturación máxima de 1/500seg. pude ser demasiado «lenta» en según qué ocasiones. Cada vez más profesionales utilizaban sus cámaras Hasselblad para sus trabajos en exteriores y se necesitaban velocidades de obturación más rápidas. Las limitaciones del obturador central impedían disparos más rápidos y el fabricante sueco decidió regresar al obturador de plano central con el modelo Hasselblad 2000FC, una cámara de formato 6×6 que alcanzaba una velocidad de obturación de 1/2.000seg.

Tras la Hasselblad 2000FC llegó la versión motorizada 2000FCW, con una empuñadura de avance de película. Todos los modelos electrónicos con obturador de plano focal disponían de un aro de velocidades (desde 1 segundo a 1/2.000seg.) en el frontal del cuerpo de la cámara, justo a continuación del objetivo. Al carecer de obturador central, Carl Zeiss pudo diseñar ópticas más luminosas, como el Planar 110mm ƒ/2, sin apenas variar el tamaño de los objetivos.

 

La exclusividad de lo exclusivo

Hasselblad nunca fue una marca barata. Ni sus cámaras, ni los objetivos. Al igual que Leica, Hasselblad desarrolló cortas series de modelos exclusivos, que utilizaban revestimiento en oro y piel. Fueron modelos conmemorativos, más destinados al coleccionismo y a la especulación de su valor, que orientados a hacer fotos. Incluso en la era digital, Hasselblad ha desarrollado series de cámaras limitadas, como el modelo especial Hasselblad H4D-40 Ferrari Edition, en el clásico color rojo de la escudería del cavallino rampante.

 

Los chasis y respaldos

Una de las prestaciones más apreciadas por los profesionales que utilizaban Hasselblad era la posibilidad de cambiar el tipo de película que estaban utilizando en pleno trabajo. De esta manera, era posible pasar de color a blanco y negro o de diapositiva a negativo con sólo cambiar el chasis de película. Hasselblad ofrecía hasta tres tipos de chasis distintos, siendo el más común el chasis de película A12, que ofrecía 12 exposiciones en formato 6x6cm.

El chasis A16 disponía de 16 exposiciones de formato 4,5x6cm, mientras que el chasis para película perforada de 70mm admitía hasta 70 exposiciones. El inserto metálico plano evitaba la entrada de luz en el chasis, impidiendo que se velase la película. Para el formato rectangular de 4,5x6cm. existían pantallas de enfoque con señales que delimitaban el encuadre a este tipo de formato. Todos los chasis Hasselblad disponían de un botón de liberación, señalado con la letra «V», de Victor Hasselblad, demostrando que la firma sueca siempre ha cuidado el detalle al máximo.

Asimismo, el profesional disponía de un respaldo para película Polaroid o Fuji FP100. Las pruebas de iluminación solían hacerse con película instantánea, para así saber si se debían corregir la intensidad o la posición de los flashes. La película instantánea era lo más parecido a la fotografía digital, pues ofrecía inmediatez en los resultados y –de esta manera– el profesional podía comprobar el resultado antes de llevar a revelar la película al laboratorio.

Los respaldos digitales Hasselblad pueden utilizarse en la práctica totalidad de cámaras fabricadas desde 1.957 y montados sobre las cámaras mecánicas Hasselblad suponen que la suma de presenta y pasado nos dé como resultado una cámara de futuro. El placer de «hacer fotos» y no disparar queda patente al trabajar con las cámaras Hasselblad de obturador central. El enfoque manual, la medición de luz y alejarse de cualquier prisa garantizan fotografías únicas y trabajadas, una de las señas de identidad de Hasselblad.

 

Conclusión

Grande, fea y pesada. Así solía definirse a la cámara Hasselblad. Sin embargo, pocos modelos han contribuido más a elevar la calidad de imagen de las fotografías, gracias a un formato de 6x6cm. y a la soberbia pureza de las ópticas Carl Zeiss. En realidad, las cámaras Hasselblad no son más que cajas oscuras, puesto que el cuerpo de la cámara apenas dispone de un obturador que evita que la película se vele. De hecho, el cuerpo de la cámara apenas separa el objetivo de la película.

Siempre recordaré la primera vez que tuve una Hasselblad en las manos. Mirar por esa pantalla de 6x6cm. hace que el mundo se vea a lo grande, lo que lleva a pensar a lo grande y a hacer fotos a lo grande. Trabajar con una Hasselblad es lo opuesto a disparar con cámaras digitales. El rollo de formato 120 apenas nos regala 12 exposiciones. Una docena de buenas fotos. Porque esas fotografías las pensamos, mucho antes de medir la luz, encuadrar o enfocar. Una docena de fotos que hacemos con el amor y la pasión que sentimos por la Fotografía.

El sueño de Victor Hasselblad, que imaginó desarrollar una alternativa de mayor calidad que la ofrecida por los modelos de 35mm, se cumplió con creces y somos muchos los profesionales que tenemos que agradecerle haber fabricado modelos que han hecho grande a esa Fotografía que se escribe en mayúsculas, con cámaras que nos siguen invitando salir a hacer fotos y a disfrutar de esta magia llamada Fotografía.