• miércoles , 3 junio 2020

Arxiu Fotogràfic de Barcelona

Carlos Ruíz Zafón cita «el cementerio de los libros olvidados» en su novela La Sombra del Viento. Es un espacio secreto, oculto a los ojos no iniciados, donde reposan los libros que han desaparecido de las estanterías de las librerías y de los catálogos de las editoriales. Sólo la frágil memoria salva del olvido a los títulos que gozaron de menor difusión entre los lectores. La fotografía tiene en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona ese cementerio de los libros olvidados. Salvo que –muy de vez en cuando– permite que un cierto número de imágenes con décadas (o más de un siglo) de vida regresen a la luz.

El Arxiu Fotogràfic de Barcelona va más allá de ser un depósito donde almacenar fotografías añejas, rancias y desvencijadas. La conservación y catalogación de cada fotografía es un trabajo minucioso y especializado, realizado por profesionales que nada tienen que ver con la superflua inmediatez de la fotografía digital. El Arxiu Fotogràfic de Barcelona conserva la memoria gráfica de la ciudad y de sus habitantes. Miles de pequeñas historias secretas. Miradas de protagonistas que ya no viven. Comercios olvidados en calles desaparecidas. La historia cotidiana. Historia en mayúsculas.

Preservar la memoria

Vivimos la época en que se hacen más fotos; los smartphones sustituyeron a las cámaras compactas, hiriendo de muerte a una industria fotográfica más obsesionada en lanzar cada año modelos que aportan más bien poco o nada que a retomar al buen hacer que ellos mismos siguieron durante décadas (en los tiempos de la película fotográfica) y que tan buenos resultados les dio: desarrollar cámaras que realmente incorporen avances significativos y fabricadas sin la obsolescencia programada que es hoy la tecnología. Hemos aceptado que una cámara sea hoy un electrodoméstico más.

Cada día se disparan millones de fotos, pero se destruyen la mayoría. La vida de una foto realizada con un teléfono móvil es efímera, pues una fotografía sólo vive cuando se ve. Actualmente las redes sociales son el escaparate de la gran mayoría de fotos obtenidas con smartphones. Ya nadie amplía y enmarca una foto, pero el gran público sigue pidiendo más y más resolución en las cámaras. Y todo para verlas en pantallas de poco más de 5 pulgadas. Por cierto… ¿Cuántas personas saben a qué equivale una pulgada?

Preservar las antiguas fotografías de Barcelona es preservar su historia. Protegerla del olvido. Conservar la memoria. Guardar las señas de identidad de los millones de personas que viven en los 3,3 millones de fotografías que reposan en el mayor archivo de la vida barcelonesa. Una vida palpable, física, ya sea sobre soporte de acetato o en placas de cristal. Vidas en color, en tonos sepia o en el clásico blanco y negro. La vida de la alta burguesía barcelonesa y de la clase obrera. Señoras del Liceo y vendedoras ambulantes de pollos o golosinas. El dueño de una fábrica textil o un mozo del antiguo mercado de El Born. En los depósitos del Arxiu Fotogràfic de Barcelona conviven en paz falangistas al lado de anarquistas de la FAI, pobres y burgueses, vecinos anónimos, poetas, actrices y pintores de renombre.

El proceso de adopción

El legado del Arxiu Fotogràfic de Barcelona se nutre de las donaciones de miles de particulares anónimos y de las colecciones de sagas familiares de fotógrafos profesionales como los Pérez de Rozas o Napoleón, clasificadas, datadas y que suelen mostrar importantes escenas de la vida pública, social, política, cultural y deportiva de Barcelona.

Saga Pérez de Rozas

Las fotografías llegan en soportes tan variados como placas de cristal, cartón, papel fotográfico, negativos en color sobre acetato de todos los formatos y diapositivas. Por cierto, el Arxiu Fotogràfic de Barcelona sólo admite diapositivas Kodachrome, pues son las únicas que mantienen la estabilidad y los colores originales al cabo de más de medio siglo.

El conservador del Arxiu Fotogràfic de Barcelona revisa de manera minuciosa cada nuevo legado, realizando actuaciones de urgencia en las imágenes que muestran un mayor deterioro. Las fotografías se almacenan en cajas que las preservan de la humedad y frenan la oxidación de las sales de plata, para pasar al departamento de clasificación, donde serán documentadas y se añadirán todos los datos posibles, como autor, fecha, técnica y tema.

Cada fotografía se reproduce de manera digital, evitando así su manipulación y posible deterioro. La mayoría de las fotografías que reposan en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona estuvieron –en el mejor de los casos– guardadas (con mejor o menor acierto) por sus autores en cajas o sobres, pero preservadas de la luz y de la manipulación. Los archivos digitales facilitan conservar una copia que puede acabar en alguna de las muchas exposiciones que organiza el Arxiu Fotogràfic de Barcelona.

Para datar una fotografía se comprueba la técnica utilizada; las fechas de la utilización de ferrotipos, calotipos, placas de vidrio y película fotográfica sobre base de acetato (ortocromática o pancromática) son una valiosa pista para fijar una fecha muy aproximada de la realización de la fotografía. La prensa de la época (el Arxiu Fotogràfic de Barcelona tiene acceso a las hemerotecas de La Vanguardia y el desaparecido Diario de Barcelona) publicó en muchas ocasiones imágenes muy similares de los eventos que muestran las fotografías legadas al Arxiu Fotogràfic de Barcelona.

Pere Blanxart 1.850-1.855

Depósitos sellados con doble puerta estanca y bautizados con nombres de ilustres fotógrafos barceloneses guardan a una temperatura de 12º y una muy baja humedad fotografías con más de un siglo y medio de vida en las condiciones más adecuadas de conservación. El sistema de clasificación del Arxiu Fotogràfic de Barcelona facilita acceder de forma muy rápida a las más de 3,3 millones de fotografías, sin importar si se trata de placas de vidrio, copias en papel o cartón fotográficos, daguerrotipos o diapositivas.

El retrato

Hacer una foto hoy es sencillo: basta sacar el smartphone y disparar. Hasta bien entrado el Siglo XX la fotografía estaba reservada de manera exclusiva a los fotógrafos profesionales y los bolsillos más adinerados. Los estudios fotográficos vivieron su edad de oro hasta mediados de los años 70 del pasado siglo, época de mayor popularizaron de fotografía, gracias a la aparición de las sencillas y muy asequibles cámaras «Pocket», compactas con cartuchos de película de los formatos 110 y 126.

Recuerdo «ir al fotógrafo» como un premio. Seguro que quienes hicieron la primera comunión aún guardan una foto en grueso papel baritado, vestidos de marinero o novia. La foto de familia que se regalaba a los abuelos o se enviaba a esos parientes que habían emigrado o no tuvieron más remedio que exiliarse… Pero la fotografía nació como una alternativa a la pintura y el retrato fue la expresión fotográfica más frecuente en las primeras épocas en que los haluros de plata sustituían a los pigmentos de óleos y acuarelas.

El Arxiu Fotogràfic de Barcelona dispone de decenas de miles de retratos, algunos de finales del Siglo XIX. Los modelos suelen ser actrices y actores de teatro, tenores y sopranos de ópera y zarzuela, dramaturgos y novelistas, pero sobretodo las familias «bien» de la burguesía barcelonesa de la época. Todos estos retratos se hacían en estudios fotográficos, con cámaras de gran formato, que ofrecían la máxima calidad que podía conseguirse en aquellos años de bombín y canotier. El retrato fotográfico estaba reservado a las celebridades y a la crème de la crème de la alta sociedad barcelonesa.

La actriz Margarita Xirgu.

Décadas más tarde, el retrato salió a la calle de mano de los amantes de una disciplina que aún perdura: la street photo. Capturar instantáneas urbanas fue posible a partir de que el tamaño y peso de las cámaras empezaron a reducirse. Se había roto la esclavitud de montar la cámara en un pesado trípode de madera y cargar con enormes cámaras de placas. Las primeras cámaras Kodak Vista y Brownie popularizaron el uso de la cámara a mano. Con ellas nació la street photography.

Miradas anónimas captadas por –en la mayoría de casos– autores anónimos. Amantes de la más novedosa expresión artística. Una forma de expresión que daba voz a los más olvidados. A quienes no tienen nombre. Por primera vez, la fotografía salía a la calle. Calles que por todo el mundo escribirían con letras de oro nombres como Brassaï, Doisneau, Erwitt o Cartier-Bresson, el gran maestro de la street photography.

Y la cámara toma las calles

Asimismo, cuando las cámaras pasaron de ser enormes y pesadas cajas de madera y latón a modelos fácilmente transportables nació la fotografía documental. Las cámaras podían entrar en cualquier rincón de la ciudad y mostrar desde paisajes urbanos a las miserias y desigualdades sociales. La fotografía pasaba a formar parte de la comunicación, incorporándose rápidamente a «la prensa ilustrada».

Se rompía el concepto estático del fotógrafo en su estudio, que retrataba a los personajes más ilustre de la sociedad, para convertirse en el ojo público que conformará la memoria de la ciudad y su sociedad. El Arxiu Fotogràfic de Barcelona recoge –a lo largo de siglo y medio– la obra de fotógrafos profesionales y aficionados (muchos, anónimos) que han plasmado el latir de la ciudad de Barcelona. Desde la llegada de la fotografía a Barcelona a la trágica Guerra Civil o el renacer preolímpico a finales de los 80. Cada una de las fotografías conservadas es también un homenaje a esos fotógrafos y su pasión por la fotografía.

Las grandes nevadas

Los habitantes de las ciudades bañadas por el Mediterráneo están acostumbrados a la humedad y a temperaturas suaves, incluso en pleno invierno, donde nunca se suelen alcanzar temperaturas bajo cero. Muy de vez en cuando, una gran nevada sorprende a Barcelona y nada mejor que un acontecimiento tan singular para plasmarlo en una fotografía.

Las grandes nevadas de 1.880 y –especialmente– la de la Nochebuena de 1.962 ilustran cientos (sino miles) de fotografías. Las fotografías más antiguas (de finales del Siglo XIX) desvelan un tratamiento paisajístico, mientras que las realizas a principios de los años 60 muestran un aspecto más cercano al reportaje o street photo, pues el elemento humano es tan importante a la hora de leer la foto como la propia nevada.

El arte popular

Así como la pintura solía estar reservada para la nobleza y las familias más adineradas, la fotografía tomó una mayor conciencia social, siendo la expresión artística más popular. Un mismo fotógrafo podía retratar por la mañana a una familia burguesa en su estudio, para horas después, acercarse a un entorno chabolista y plasmar el hambre y la miseria de varias generaciones.

El carácter social de la fotografía llegó de la mano de la fabricación de cámaras cada vez más pequeñas y asequibles y de los primeros movimientos obreros y su conciencia de clase. La popularización de la fotografía logró que el precio de una cámara no estuviese reservado sólo a los profesionales y a las clases más adineradas.

La prensa gráfica

Con la fotografía nació el fotoperiodismo y el reportaje gráfico, donde nombres como Josep María Sagarra se ganan por méritos propios el título de reportero gráfico en los albores del Siglo XX. Trabajar con película fotográfica de soporte de acetato no sólo evitaba cargar con las frágiles (pero pesadas) placas de vidrio, sino que a la vez aumentaba el número de fotografías disponibles.

La popularización de la fotografía supuso el nacimiento de la prensa gráfica. Los diarios y revistas de inicios del Siglo XX ya no sólo eran letra: la imagen había llegado a la prensa, donde una imagen vale más que mil palabras. Desde la visita de Einstein a Barcelona a la despedida de una madre al hijo que partía al frente de África, Josep María Sagarra ofrece una visión acertada del fotoperiodismo de principios del Siglo XX.

Normalización de la fotografía

Fabricar cámaras fotográficas cada vez más ligeras, compactas y –en especial– asequibles contribuyó a popularizar la fotografía como una nueva forma de expresión, sin distinción de clases sociales. Los paisajes vacíos de gente y el retrato de poses forzadas y poco naturales dejaron paso a la fotografía familiar, al fotoperiodismo e incluso a una fotografía deportiva más centrada en lo social que en el propio deporte. En aquellos inicios se fotografiaba a los jugadores formados y no la jugada del gol o la llegada de un atleta a la meta.

La cámara salía por primera vez a la calle y se «retrataban» todo tipo de situaciones, ambientes y personajes. Los retratos dejaron de ser exclusivos de personajes célebres o familias «con posibles»; las nuevas cámaras Kodak de bolsillo facilitaban fotografiar un día en la playa o la excursión dominical a un merendero. La fotografía se había convertido en un elemento cotidiano y la cámara fotográfica en un miembro más de la familia.

La fotografía se tornó en la herramienta más importante para documentar el día a día de la ciudad. El público podía ver desde el triunfo de la gran soprano en el Liceo a la devastación de un temporal en las barracas que cubrían la piel del litoral barcelonés. Había nacido la fotografía documental y con ella una especialización más en el mundo de la fotografía.

La razón de existir

Preservar la memoria va mucho más allá de mantener viva la melancolía. El legado de los millones de fotografías que nutren el Arxiu Fotogràfic de Barcelona es un ejemplo que –en mi opinión– deberían seguir el resto de pueblos y ciudades. A través de sus fotografías, observamos el progreso de la ciudad (no siempre positivo), además de los cambios de la propia Fotografía, la que se escribe con mayúsculas.

De los primeros paisajes y retratos, exclusivos de la nobleza y la alta burguesía, la fotografía evoluciona hacia ámbitos más sociales y comprometidos. Muestra las miserias de la ciudad que se esconde tras las luces de la ópera o el teatro, los rostros anónimos de vecinos de calles y barrios ya desaparecidos.

Un archivo fotográfico no es un cementerio de muertos vivientes. Es el legado de miles de aficionados y profesionales (muchos, anónimos) que a través de los siglos amaron la Fotografía.

Y es por ello que tenemos que estar agradecidos a iniciativas como la del Arxiu Fotogràfic de Barcelona, que nos ayuda a no olvidar quienes fuimos y quienes somos.